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Bloqueo

Bloquear: cuando nos robamos el show a nosotros mismos

Bloquear — o "el bloqueo", sin más — es honestamente el gran clásico entre los errores que cometemos en el escenario. La idea es muy simple: tu compañero te ofrece algo, y tú lo rechazas, lo ignoras o lo restas valor. Con eso le quitas el jugo a la escena al instante, y todos nos quedamos un poco perdidos porque la base común se ha esfumado.

¿Por qué lo hacemos? La mayoría de las veces es un reflejo inconsciente. Nos entra un pequeño ataque de pánico porque no sabemos hacia dónde va el viaje, y queremos mantener el control. Cuando bloqueamos, en el fondo nos estamos construyendo un pequeño refugio para que no nos pase nada que no tuviéramos previsto. Pero ya lo sabemos: sin el riesgo de no saber lo que viene, el escenario suele ponerse plomizo enseguida.

Un pequeño ejemplo de la práctica:

A: "¡Mira, conseguí entradas para la ópera!"

B: "Soy tu contador, estamos en una cita de trabajo. Además, odio la música."

Uf. Con eso no solo se va al traste la oferta, sino el ambiente entero.

Bloquear es exactamente lo contrario del principio del "Sí, y" que practicamos todo el tiempo. Sin firmar primero a ciegas las ofertas del otro, no hay manera de construir un mundo que al público le suene real.

Cómo se reconoce un bloqueo

El bloqueo tiene muchas caras — algunas evidentes, otras más solapadas:

  • Bloqueo de hechos: Tu compañero dice: "¡Por fin estamos en Marte!" y tú respondes: "Qué va, estamos en la cola de la panadería." — Escena borrada.
  • Bloqueo emocional: Alguien se desnuda emocionalmente y tú sueltas: "Tranquilo, ¿dónde están mis calcetines?" Con eso le cortas toda la profundidad a la relación.
  • Bloqueo físico: Tu compañero arrastra penosamente una caja por el escenario y tú simplemente la atraviesas caminando. La realidad física de la escena se ha esfumado.
  • La trampa de la lógica (la racionalización): Mi favorita, sinceramente. Tu compañero trae algo mágico o raro, y tú lo explicas de inmediato con lógica para volver a pisar terreno seguro. A: "¡La flor está cantando!" — B: "Qué va, es solo el viento entre las hojas." Zas, magia fuera, aburrimiento dentro.
  • Aplazamiento: "Ya hablaremos de eso luego." — Y la oferta muere de hambre.
  • Escaqueo: Quedarse pasivo y soltarle todo el peso de la escena al compañero ("¿Tú qué crees?", "¡Dilo tú!"). Te niegas a tomar la iniciativa.
  • Cháchara vacía: Hablar mucho sin tomar decisiones ni hacer avanzar la acción. Es pisar el freno verbalmente, solo para ganar tiempo.

¿Por qué nos pasa esto?

Casi siempre no hay mala intención detrás, sino:

  1. La peli que ya tienes en la cabeza: Te has montado todo a tu manera y quieres imponer tu versión, da igual lo que ofrezca el otro.
  2. Miedo a perder el control: Aceptar significa lanzarse a algo de cuyo final aún no sabes nada.
  3. Protección frente a la vulnerabilidad: Solemos bloquear cuando un papel nos toca demasiado de cerca. Preferimos hacer una broma o ponernos irónicos antes que entrar de lleno en la emoción real.
  4. La obsesión por ser "ingenioso": Nos esforzamos tanto en ser originales que pasamos por alto la oferta sencilla y generosa que el compañero nos está sirviendo.

En plan profesional: cómo darle más sabor

Cuando el "sí" básico ya está sólido, se le puede meter algo de chispa:

  • La cucharada emocional (la sobreaceptación): Coges algo minúsculo y lo conviertes en un dramón. Si alguien dice: "Tienes el cordón desatado", no contestes "Ah, gracias". Prueba con: "¡Esto también no! Es el fin, primero el despido y ahora hasta el zapato me abandona." Convierte una mosca en un elefante: la escena coge ritmo al instante.
  • Poner una piedra en el camino (la aceptación con obstáculo): Dices "sí" sin reservas a la idea, pero le metes una traba. A: "¡Saltemos juntos del avión!" — B: "¡Por supuesto! Pero te tengo que decir una cosa: he olvidado cómo se abre el paracaídas." Aceptas la oferta, pero le complicas la vida al personaje. Perfecto para el conflicto.

Cómo nos quitamos la costumbre de bloquear

Aquí van algunas cosas que solemos hacer en el calentamiento:

  • Sí-y incondicional: El clásico, para reprogramar la cabeza en modo "aceptar".
  • Última palabra como respuesta: Empezar la frase con la última palabra del otro. Te obliga a escuchar.
  • Acuerdo radical: Una escena en la que un jugador tiene que decir "¡Sí, genial!" a absolutamente todo. Buenísimo para aparcar por completo tu propia agenda.
  • Juego de corrección: Cuando yo, como coach, grito "¡Stop!" en cuanto aparece un bloqueo, rebobinamos unos segundos y volvéis a probar con un "sí" claro.
  • Dibujar entre todos: Cogemos una hoja y cada uno hace solo un trazo cada vez. Lo notas al instante: ¿quiero dominar el dibujo o me da miedo aportar algo siquiera?

Al final es muy sencillo: un bloqueo nos frena, un "sí" nos lleva más lejos. Atrévete a soltar el control de vez en cuando — casi nunca pasa nada malo, salvo que la escena queda mejor.

Última edición por improwiki, 07.05.2026 13:46 · Historial de versiones · ·

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