Los jugadores forman un círculo y se lanzan una pelota imaginaria. Antes de cada lanzamiento, la pelota cambia de carácter — puede ser pesada, resbaladiza, diminuta, enorme, caliente, eléctrica o de gelatina.
El receptor adopta primero el carácter actual de la pelota, luego la transforma en algo nuevo antes de relanzarla.
Este ejercicio desarrolla la pantomima, la creatividad y el compromiso físico con los objetos imaginarios.
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