Los jugadores se acuestan relajados en el suelo con los ojos cerrados, idealmente con bastante espacio alrededor.
Se ponen a la escucha de su cuerpo y siguen cualquier impulso de movimiento — un estremecimiento en un dedo, las ganas de estirar una pierna, el deseo de rodar. Lo que surja, lo siguen sin juzgar.
Este ejercicio desarrolla la conciencia corporal y la presencia.
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